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Opinión

A salto de mata

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Siempre me intento guiar por un principio de justicia y equidad, en la vida creo que hay que ser equilibrado y poner en la balance los pros y los contras antes de emitir valoraciones. Por sistema desconfío de los que ven las cosas absolutamente maravillosas así como de los que las ven horrorosamente, odio el blanco y el negro, la vida se compone de diversas tonalidades de grises.

En lo que respecta al Racing no iba a regirme de otra forma, así, la situación que atraviesa la entidad cántabra, está salpicada de matices y de grises, ni todo es positivo ni todo es negativo.

Desde la llegada del nuevo Consejo de Administración, se han realizado avances y progresos impensables hace apenas 3 años. El Consejo de Manolo Higuera se hace cargo de un equipo centenario en una alarmante situación de riesgo vital, un riesgo que a día de hoy está minimizado. Ese es el principal aval en la gestión del Consejo.

La deuda con la Agencia Tributaria está encaminada a desaparecer, los pagos del Convenio de Acreedores no corren peligro, y dentro de la precariedad, el enfermo respira por sí mismo. En el haber al respecto consta el empecinamiento por sacar adelante un Convenio con el Gobierno que a algunos no nos convencía y que terminó en un fiasco dada la incapacidad legal de sacarlo adelante. La opción de supervivencia pasaba y pasa por el compromiso de los máximos accionistas, al final, el tiempo nos dio la razón a los que así pensábamos.

El Racing ha hecho un esfuerzo por profesionalizarse con las incorporaciones de un Director General y un Director Deportivo, figuras clave en el crecimiento de todo club que aspire a cotas más altas, no a ascender y seguir viviendo a salto de mata, sino a crecer de verdad, mirando el largo plazo.

Se que para muchos esto que digo crea controversia, muchos creen que el dinero debe estar invertido casi en exclusividad en futbolistas, nada más lejos de la realidad si lo que se pretende realizar es un proyecto de futuro y no seguir funcionando como este club ha funcionado desde mediados del siglo pasado, obsoleto.

Muchos dirán “¿No había otro Director Deportivo más joven y con más conocimientos?” Yo respondo, sí, lo hay seguro, y les pregunto a ellos ¿Del caché de Pachín y por el sueldo que (se supone) tiene? Esa es la clave, el equilibrio.

Otros muchos dirán “¿Para qué un Director Deportivo en Segunda B? ¡Que lo haga Viadero!” A lo que yo respondo, el Racing aspira a ser un club profesional, un club de LFP, y sin profesionales eso no se consigue, y si se consigue, seguiremos como toda la vida, sin estructura y funcionando a salto de mata.

En el debe del Consejo también hay que contar el lavado de cara a nivel de comunicación -no sólo para mí, sino para los entendidos, de lo mejor de España- y los diversos proyectos de adecentar los Campos de Sport de El Sardinero, de manera de que se construya y se respire racinguismo desde que entramos al estadio, léase el proyecto “Pinturas de Guerra” y los nuevos videomarcadores, clave tanto a nivel de imagen como económico, ya que se generan unos nuevos ingresos por publicidad. En el haber lo que hay que matizar al respecto, es la falta de contundencia del club con la empresa instaladora de estos videomarcadores (RPG), que lleva casi 3 meses de retraso respecto a la fecha dada al Consejo para la ultimación de este proyecto. El Racing y su Presidente, deberían haber mostrado de manera pública y notoria su malestar con este asunto, un asunto, en el que ya son salpicados y señalados por parte de la afición como culpables, cuando los que conocemos un poco los entresijos, sabemos y nos consta que el Racing en esto, es el primer perjudicado.

Además, me consta el trabajo bestial que ha llevado este Consejo para mantener al Racing con vida, posiblemente con el tiempo se valore todo lo que han hecho en su justa medida, yo en esto sólo puedo darles las gracias.

Lo peor de todo es que donde menos grises encuentro y me envuelve más oscuridad es precisamente en lo deportivo, lo que al fin y al cabo hace que se te recuerde como un gran Presidente (exceptuemos al inefable Francisco Pernía, por favor) o un desastre.

En lo deportivo siento decir que hemos llevado el “a salto de mata” hasta las últimas consecuencias. Desde que llega este Consejo, se vende la idea de la cantera como piedra angular del proyecto, hoy, tres temporadas después seguimos deambulando por la Segunda División B, sin una identidad clara de lo que queremos ser y de lo que pretendemos.

Entiendo a un grupo de gestores que ahogados por la situación, deciden fichar 15 jugadores su primera temporada al frente buscando el ascenso rápido, de verdad lo entiendo… pero no estoy de acuerdo. Fundamentalmente no estoy de acuerdo porque es lo contrario a lo que dijeron.

Este club tenía dos opciones, una, empezar de cero con esa base de chavales de la casa con 5 ó 6 incorporaciones y estar unos años en media tabla de Segunda B, ¡Ojo! Dejando claro que iba a ser así. Evidentemente no puedo hablar por los demás y por lo que pensaran, hablo por mí y por lo que pienso, y nunca jamás se me hubiera ocurrido exigir un ascenso o entrar en un play off partiendo de esa premisa de cantera.

La otra opción era subir sí o sí, traer jugadores de primer nivel de la categoría y ascender, pese a que el club no contaba con una estructura sólida tras el saqueo masivo y despiadado al que fue sometido y del que muchos, tuvimos que arrancarlo de la tumba en la que ya prácticamente se encontraba.

Para subir sí o sí, se mantuvo en el banquillo a un hombre sin experiencia como Pedro Munitis, gran racinguista y mejor persona que no estaba capacitado para llevar a cabo la misión, y la misión acabó en fiasco.

Segundo round, Ángel Viadero al frente, y de nuevo, otra remesa de fichajes de relumbrón. De nuevo cambia la filosofía del equipo y, pese a que en muchos momentos de la temporada vimos el ascenso ahí mismo, al alcance de nuestras manos, otro fiasco.

Y aquí estamos, inmersos en nuestra tercera temporada en el lodazal del fútbol patrio, seguimos con Viadero capitaneando la nave, sólo que esta temporada la nave parece que no navega a vela, cuanto más tiempo pasas inmerso y más batacazos te llevas, menos sopla el viento en Segunda B y más hay que tirar de remo para el barco navegue. De nuevo cambia la filosofía, ahora en lugar de fichar jugadores buenos de la categoría y algún “retal” de Segunda, han vuelto jugadores veteranos con amplia experiencia, otro giro al timón, un timón que ya flaquea y no tiene claro cuál es el destino. Estamos donde estábamos pero con menos dinero y sin ninguno de los chavales de la cantera afianzados en el equipo y pudiendo ser “patrimonio económico”, es decir, deportivamente peor de lo que estábamos antes.

Subir sí o sí es utópico, irreal, porque esto es deporte, gastar más que tus rivales no garantiza el éxito, es una parte importante sin duda, pero la definitiva al fin y al cabo, viene dada por mantener el timón firme, por saber qué quieres hacer y cómo lo quieres hacer.

Muchos dirán que soy ventajista y hablo a toro pasado, tendrían razón de no ser porque esto mismo que hoy plasmo aquí, es lo que pensaba hace esos 3 años que lleva el Consejo al frente.

Había dos opciones en lo deportivo, la del “vísteme despacio que tengo prisa”, o la del “a salto de mata”, por desgracia elegimos la segunda.

 

(Imagen vía eldiariocantabria.es).

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Los buenos amigos

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Fútbol y amistad. Foto: Pixabay

El camino corto hacia el éxito

Vivimos en un país en el que el refranero pone solución a la gran mayoría de los problemas que surgen en nuestro día a día. Muchos son los ejemplos para poder corroborar esta afirmación, pero hoy quiero poner especial atención a uno: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Tenemos la costumbre, en estas tierras, de elevar este refrán a su máxima expresión, convirtiéndolo o acercándolo a otro que da exactamente con la tecla de lo que hoy os quiero contar : “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

La evolución, la meritocracia, los éxitos parecen haber quedado de lado y tiene mayor importancia quién te trajo de la mano que lo que hiciste para llegar allí. En el mundo del fútbol este tipo de casos se suceden, y si además, estás en el momento y lugar adecuado, el “contratazo” está asegurado.

El último gran ejemplo, sin ánimo de pisotear o menospreciar a nadie, es el actual seleccionador nacional de fútbol. Parece que un puesto de semejante calado necesitaría de una preparación y una experiencia acorde al cargo, pero en este caso, no es así. Podemos buscar la justificación que cada uno queramos, e incluso cada uno tendremos nuestra opinión de si es acertado o no su nombramiento, pero el caso es claro. No hay experiencia, no hay méritos.

No debía, por otro lado, extrañarnos en exceso cuando, en el mundo del fútbol, se computan los méritos que hiciste como futbolista a los que puedas tener como entrenador. Y esto, que es algo común en casi todos los deportes, no lo es así en otros ámbitos de la vida. Un buen albañil no es un arquitecto y un buen violinista no es necesariamente director de orquesta. Es cierto que el trabajo de campo puede ayudar, pero deberíamos dar mayor importancia a la formación y la experiencia en la labor que se va a desempeñar y no tanto a la mano de la que vienes.

Ya lo dice el refrán peloter@s, quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

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Con la camiseta puesta

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Bajo el filtro verdiblanco

Muchos son los refranes sobre las elecciones, los gustos y los colores. Cuando te pones la camiseta de tu equipo, sus colores traspasan su tejido y se apoderan de ese músculo que lo alimenta todo. Nuestro corazón verdiblanco.

Ya sea por tradición familiar, por apego a la “tierruca” o por la razón que cada uno escoja, cuando uno es del Racing, lo es para siempre.

El fútbol no entiende de miradas caleidoscópicas. Los colores y el amor a un club permanecerán siempre y ese filtro teñirá la realidad con nuestros colores. Una realidad que ha llevado a un club histórico y centenario a celebrar el ascenso a una categoría que hace poco detestaba, como si de una final de la máxima competición europea se tratase.

Los gustos, los colores, son así. Muchas veces no se eligen, y cuando se han apoderado de ti, los elegirías una y mil veces, a pesar del sufrimiento que conllevan.

Muy poco importa si el partido fue bueno o malo. La afición pasea por las calles de nuestra hermosa ciudad con una sonrisa verdiblanca de oreja a oreja. Pudieron ser villanos, pero hoy, nuestros futbolistas, cuerpo técnico y directivos son héroes, y como tal, pasarán a la historia.

Este maldito deporte se diferencia de otras artes porque no necesita de belleza para ser admirado. Tampoco entiende de intelectualidades o de clases sociales, el fútbol es mucho más que un deporte y tu equipo es mucho más que once valientes corriendo en calzones. El fútbol es pasión, sentimiento y colores.

No era el mejor escenario, ni la mejor hora ni el mejor rival. Quizá tampoco fue la mejor versión de nuestro propio equipo, pero después de meter todos esos componentes en nuestra batidora racinguista, solo hubo que añadir un poco de verde y blanco para que el resultado fuese un día inolvidable.

Despídanse de Lucifer peloter@s, abandonamos el infierno.

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La delgada línea blanca

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A doce centímetros del éxito.

Por Raúl Azcona | En la alta competición, cuando la preparación física se lleva al extremo, se estudia al rival minuciosamente y el conocimiento de nuestros propios límites es absolutamente científico, son los pequeños detalles los que nos acercan o alejan del triunfo.

En el caso del fútbol, y según la reglamentación vigente, un máximo de doce centímetros de anchura debe tener la línea de meta. Esa es la distancia que, en muchas ocasiones, separa la victoria de la derrota, el éxito del fracaso.

El gol lo condiciona todo. Cambia un partido, una dinámica e incluso, una temporada. Haciendo un paralelismo maquiavélico, el gol justifica los medios.

Los ejemplos más actuales evidencian esta antigua teoría. Pensemos, por ejemplo, en el F.C. Barcelona: campeón de liga, semifinalista de Champions y finalista de Copa del Rey. Solo un gol en cada una de las competiciones en las que no fue campeón, lo separó del triunfo. Un gol que redujo un posible triplete y un éxito mayúsculo, a una temporada mediocre.

¿Es justo defenestrar una temporada completa por la falta de acierto en un momento concreto?

Vayamos a un ejemplo más cercano, nuestro Racing. En su último partido, el más importante de la temporada hasta el momento, el equipo empata a cero ante un Atlético Baleares que apenas se acercó a la portería racinguista. Un partido en el que solo un balón al poste privó al Racing de una victoria soñada. Un poste que, según la normativa, debe tener una anchura no superior a doce centímetros, al igual que la línea de meta. Doce centímetros que desataron la euforia en la afición atlética y la incertidumbre en la racinguista.

Nuestro Racing hizo el partido que debía hacer, y solo esa delgada línea blanca nos separó del éxito.

Hagan acopio, por tanto, de las pinturas de guerra. La batalla continúa.

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