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Opinión

El derbi cántabro todavía colea

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Como bien dijo Iván Ania en la previa del derbi, “no existe la clasificación general en un derbi” y así fue… un partido en el que hubo de casi todo menos fútbol. La intensidad, la agresividad y sobre todo la rivalidad, tuvo cabida en un encuentro flojo por parte de los santanderinos que sin ser su mejor partido, tuvieron las ocasiones más claras para llevarse los tres puntos. Los de la comarca del Besaya hicieron el fútbol que se esperaba de ellos, realizando un juego defensivo y muy ordenado intentando parar el ritmo en todo momento al equipo local.

La disputa entre ambos tuvo varias fases, primero con un Racing intentando llevar el dominio del cuero, pero con bastante lentitud, y después una Gimnástica bien cerrada atrás sin conceder un ápice al ataque verdiblanco.

También hubo jugadas para la polémica, momentos en el encuentro que ambas escuadras vivieron de una manera exaltada la disputada del partido. Los Torrelaveguenses reclamaron con cierta insistencia en la jugada del gol racinguista una mano de Óscar Gil, una acción muy difícil de apreciar en directo, siendo una jugada ensayada por el equipo de la capital cántabra que ellos mismos denominan “barullu”. Es cierto que en la fotografía del compañero Nacho Cubero del Diario As se ve con claridad que la mano existe en dicho lance, pero como bien he dicho, se necesitan muchas repeticiones e imágenes para poder vislumbrar el hecho en cuestión.

Por otro lado también hubo varias jugadas reclamadas por los futbolistas racinguistas, como fue una agresión del capitán gimnástico Borja Camus al jugador cordobés Álvaro Cejudo. El verdiblanco acabó con una brecha que le obligó a abandonar momentáneamente su participación en el enfrentamiento, formándose la tángana del partido. El colegiado guipuzcoano Ibai Rezola lo resolvió con tarjeta amarilla para ambos contendientes, dejando a todos los presentes bastante asombrados, algo habitual en más acciones de los 90 minutos. Además en el min. 53 también los componentes racinguistas reclamaban un penalti claro al ariete madrileño Dani Segovia, que de nuevo el juez de la contienda no decretó pese a encontrarse a escasos metros de la jugada.

Siendo totalmente objetivos, y si nos remitimos a los hechos ocurridos en la disputa del envite, está claro que el juez del partido no estuvo bien, perjudicando a ambas escuadras, siendo más determinante en las decisiones en favor del equipo gimnástico.

Todo esto es lo que hay en estos duelos donde la pasión se desborda y hace desaparecer en numerosas ocasiones el buen juego como ocurrió en este encuentro.

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Más fútbol

Los buenos amigos

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Fútbol y amistad. Foto: Pixabay

El camino corto hacia el éxito

Vivimos en un país en el que el refranero pone solución a la gran mayoría de los problemas que surgen en nuestro día a día. Muchos son los ejemplos para poder corroborar esta afirmación, pero hoy quiero poner especial atención a uno: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Tenemos la costumbre, en estas tierras, de elevar este refrán a su máxima expresión, convirtiéndolo o acercándolo a otro que da exactamente con la tecla de lo que hoy os quiero contar : “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

La evolución, la meritocracia, los éxitos parecen haber quedado de lado y tiene mayor importancia quién te trajo de la mano que lo que hiciste para llegar allí. En el mundo del fútbol este tipo de casos se suceden, y si además, estás en el momento y lugar adecuado, el “contratazo” está asegurado.

El último gran ejemplo, sin ánimo de pisotear o menospreciar a nadie, es el actual seleccionador nacional de fútbol. Parece que un puesto de semejante calado necesitaría de una preparación y una experiencia acorde al cargo, pero en este caso, no es así. Podemos buscar la justificación que cada uno queramos, e incluso cada uno tendremos nuestra opinión de si es acertado o no su nombramiento, pero el caso es claro. No hay experiencia, no hay méritos.

No debía, por otro lado, extrañarnos en exceso cuando, en el mundo del fútbol, se computan los méritos que hiciste como futbolista a los que puedas tener como entrenador. Y esto, que es algo común en casi todos los deportes, no lo es así en otros ámbitos de la vida. Un buen albañil no es un arquitecto y un buen violinista no es necesariamente director de orquesta. Es cierto que el trabajo de campo puede ayudar, pero deberíamos dar mayor importancia a la formación y la experiencia en la labor que se va a desempeñar y no tanto a la mano de la que vienes.

Ya lo dice el refrán peloter@s, quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

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Opinión

Con la camiseta puesta

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Bajo el filtro verdiblanco

Muchos son los refranes sobre las elecciones, los gustos y los colores. Cuando te pones la camiseta de tu equipo, sus colores traspasan su tejido y se apoderan de ese músculo que lo alimenta todo. Nuestro corazón verdiblanco.

Ya sea por tradición familiar, por apego a la “tierruca” o por la razón que cada uno escoja, cuando uno es del Racing, lo es para siempre.

El fútbol no entiende de miradas caleidoscópicas. Los colores y el amor a un club permanecerán siempre y ese filtro teñirá la realidad con nuestros colores. Una realidad que ha llevado a un club histórico y centenario a celebrar el ascenso a una categoría que hace poco detestaba, como si de una final de la máxima competición europea se tratase.

Los gustos, los colores, son así. Muchas veces no se eligen, y cuando se han apoderado de ti, los elegirías una y mil veces, a pesar del sufrimiento que conllevan.

Muy poco importa si el partido fue bueno o malo. La afición pasea por las calles de nuestra hermosa ciudad con una sonrisa verdiblanca de oreja a oreja. Pudieron ser villanos, pero hoy, nuestros futbolistas, cuerpo técnico y directivos son héroes, y como tal, pasarán a la historia.

Este maldito deporte se diferencia de otras artes porque no necesita de belleza para ser admirado. Tampoco entiende de intelectualidades o de clases sociales, el fútbol es mucho más que un deporte y tu equipo es mucho más que once valientes corriendo en calzones. El fútbol es pasión, sentimiento y colores.

No era el mejor escenario, ni la mejor hora ni el mejor rival. Quizá tampoco fue la mejor versión de nuestro propio equipo, pero después de meter todos esos componentes en nuestra batidora racinguista, solo hubo que añadir un poco de verde y blanco para que el resultado fuese un día inolvidable.

Despídanse de Lucifer peloter@s, abandonamos el infierno.

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Opinión

La delgada línea blanca

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A doce centímetros del éxito.

Por Raúl Azcona | En la alta competición, cuando la preparación física se lleva al extremo, se estudia al rival minuciosamente y el conocimiento de nuestros propios límites es absolutamente científico, son los pequeños detalles los que nos acercan o alejan del triunfo.

En el caso del fútbol, y según la reglamentación vigente, un máximo de doce centímetros de anchura debe tener la línea de meta. Esa es la distancia que, en muchas ocasiones, separa la victoria de la derrota, el éxito del fracaso.

El gol lo condiciona todo. Cambia un partido, una dinámica e incluso, una temporada. Haciendo un paralelismo maquiavélico, el gol justifica los medios.

Los ejemplos más actuales evidencian esta antigua teoría. Pensemos, por ejemplo, en el F.C. Barcelona: campeón de liga, semifinalista de Champions y finalista de Copa del Rey. Solo un gol en cada una de las competiciones en las que no fue campeón, lo separó del triunfo. Un gol que redujo un posible triplete y un éxito mayúsculo, a una temporada mediocre.

¿Es justo defenestrar una temporada completa por la falta de acierto en un momento concreto?

Vayamos a un ejemplo más cercano, nuestro Racing. En su último partido, el más importante de la temporada hasta el momento, el equipo empata a cero ante un Atlético Baleares que apenas se acercó a la portería racinguista. Un partido en el que solo un balón al poste privó al Racing de una victoria soñada. Un poste que, según la normativa, debe tener una anchura no superior a doce centímetros, al igual que la línea de meta. Doce centímetros que desataron la euforia en la afición atlética y la incertidumbre en la racinguista.

Nuestro Racing hizo el partido que debía hacer, y solo esa delgada línea blanca nos separó del éxito.

Hagan acopio, por tanto, de las pinturas de guerra. La batalla continúa.

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