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Opinión

El fútbol total, por Raúl Azcona

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Foto de The Telegraph

No todo es negro o blanco, el gris tiene su encanto.

Quizá sea la propia condición del ser humano la que lleva a elegir siempre una opción detestando completamente la opuesta. Derecha o Izquierda, Madrid o Barsa, Mourinho o Guardiola, Blanco o Negro…

Pero también es cierto, que después de tanta confrontación, una fuerza suele resurgir y tomar el control imponiéndose al resto, EL GRIS.

Hablemos de fútbol; ¿Mourinho o Guardiola? ¿Madrid o Barsa? ¿Atacar o defender? Si solo somos capaces de elegir entre uno u otro, nos perderemos un montón de matices que se encuentran entre cada polo. Un montón de opciones que hoy se reivindican y triunfan. Klopp, Pochettino, Emery, Sarri, Liverpool, Tottenham, Chelsea, Arsenal…

El fútbol de hoy, el fútbol total, no permite elegir entre atacar o defender. Hoy el fútbol avanza, a la par que la condición física, hacia un todo. Hacia el control de cada fase del partido. Hay que ser capaces de atacar bien, defender bien y de dominar ambas transiciones, es decir, saber qué hacer cuando recupero el balón y cuando lo pierdo.

Según los estudios recientes, alrededor del 30% de los goles se consiguen en acciones a balón parado (córner, falta, penalti…). Otro 30% se obtiene en ataque posicional, ya sea combinativo o directo. Finalmente, alrededor de un 40% de los goles se suceden en el momento inmediatamente posterior (5-6 segundos) a la pérdida o recuperación de balón. Hoy conocido como transiciones.

Cada uno que saque sus propias conclusiones, pero como muchas veces en la vida, en el término medio está la virtud. En saber quedarse con lo bueno de cada opción modelando la propia. Y si hablamos de fútbol, dominar de la mejor manera los 4 momentos del juego y entender el juego en sí mismo nos hará mejor equipo. Y normalmente, aunque no siempre se cumple, los mejores son los que ganan.

Bienvenidos por tanto peloter@s a una nueva era. Bienvenidos a la “transición”.

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Los buenos amigos

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Fútbol y amistad. Foto: Pixabay

El camino corto hacia el éxito

Vivimos en un país en el que el refranero pone solución a la gran mayoría de los problemas que surgen en nuestro día a día. Muchos son los ejemplos para poder corroborar esta afirmación, pero hoy quiero poner especial atención a uno: “Dime con quién andas y te diré quién eres”.

Tenemos la costumbre, en estas tierras, de elevar este refrán a su máxima expresión, convirtiéndolo o acercándolo a otro que da exactamente con la tecla de lo que hoy os quiero contar : “Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”.

La evolución, la meritocracia, los éxitos parecen haber quedado de lado y tiene mayor importancia quién te trajo de la mano que lo que hiciste para llegar allí. En el mundo del fútbol este tipo de casos se suceden, y si además, estás en el momento y lugar adecuado, el “contratazo” está asegurado.

El último gran ejemplo, sin ánimo de pisotear o menospreciar a nadie, es el actual seleccionador nacional de fútbol. Parece que un puesto de semejante calado necesitaría de una preparación y una experiencia acorde al cargo, pero en este caso, no es así. Podemos buscar la justificación que cada uno queramos, e incluso cada uno tendremos nuestra opinión de si es acertado o no su nombramiento, pero el caso es claro. No hay experiencia, no hay méritos.

No debía, por otro lado, extrañarnos en exceso cuando, en el mundo del fútbol, se computan los méritos que hiciste como futbolista a los que puedas tener como entrenador. Y esto, que es algo común en casi todos los deportes, no lo es así en otros ámbitos de la vida. Un buen albañil no es un arquitecto y un buen violinista no es necesariamente director de orquesta. Es cierto que el trabajo de campo puede ayudar, pero deberíamos dar mayor importancia a la formación y la experiencia en la labor que se va a desempeñar y no tanto a la mano de la que vienes.

Ya lo dice el refrán peloter@s, quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

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Opinión

Con la camiseta puesta

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Bajo el filtro verdiblanco

Muchos son los refranes sobre las elecciones, los gustos y los colores. Cuando te pones la camiseta de tu equipo, sus colores traspasan su tejido y se apoderan de ese músculo que lo alimenta todo. Nuestro corazón verdiblanco.

Ya sea por tradición familiar, por apego a la “tierruca” o por la razón que cada uno escoja, cuando uno es del Racing, lo es para siempre.

El fútbol no entiende de miradas caleidoscópicas. Los colores y el amor a un club permanecerán siempre y ese filtro teñirá la realidad con nuestros colores. Una realidad que ha llevado a un club histórico y centenario a celebrar el ascenso a una categoría que hace poco detestaba, como si de una final de la máxima competición europea se tratase.

Los gustos, los colores, son así. Muchas veces no se eligen, y cuando se han apoderado de ti, los elegirías una y mil veces, a pesar del sufrimiento que conllevan.

Muy poco importa si el partido fue bueno o malo. La afición pasea por las calles de nuestra hermosa ciudad con una sonrisa verdiblanca de oreja a oreja. Pudieron ser villanos, pero hoy, nuestros futbolistas, cuerpo técnico y directivos son héroes, y como tal, pasarán a la historia.

Este maldito deporte se diferencia de otras artes porque no necesita de belleza para ser admirado. Tampoco entiende de intelectualidades o de clases sociales, el fútbol es mucho más que un deporte y tu equipo es mucho más que once valientes corriendo en calzones. El fútbol es pasión, sentimiento y colores.

No era el mejor escenario, ni la mejor hora ni el mejor rival. Quizá tampoco fue la mejor versión de nuestro propio equipo, pero después de meter todos esos componentes en nuestra batidora racinguista, solo hubo que añadir un poco de verde y blanco para que el resultado fuese un día inolvidable.

Despídanse de Lucifer peloter@s, abandonamos el infierno.

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La delgada línea blanca

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A doce centímetros del éxito.

Por Raúl Azcona | En la alta competición, cuando la preparación física se lleva al extremo, se estudia al rival minuciosamente y el conocimiento de nuestros propios límites es absolutamente científico, son los pequeños detalles los que nos acercan o alejan del triunfo.

En el caso del fútbol, y según la reglamentación vigente, un máximo de doce centímetros de anchura debe tener la línea de meta. Esa es la distancia que, en muchas ocasiones, separa la victoria de la derrota, el éxito del fracaso.

El gol lo condiciona todo. Cambia un partido, una dinámica e incluso, una temporada. Haciendo un paralelismo maquiavélico, el gol justifica los medios.

Los ejemplos más actuales evidencian esta antigua teoría. Pensemos, por ejemplo, en el F.C. Barcelona: campeón de liga, semifinalista de Champions y finalista de Copa del Rey. Solo un gol en cada una de las competiciones en las que no fue campeón, lo separó del triunfo. Un gol que redujo un posible triplete y un éxito mayúsculo, a una temporada mediocre.

¿Es justo defenestrar una temporada completa por la falta de acierto en un momento concreto?

Vayamos a un ejemplo más cercano, nuestro Racing. En su último partido, el más importante de la temporada hasta el momento, el equipo empata a cero ante un Atlético Baleares que apenas se acercó a la portería racinguista. Un partido en el que solo un balón al poste privó al Racing de una victoria soñada. Un poste que, según la normativa, debe tener una anchura no superior a doce centímetros, al igual que la línea de meta. Doce centímetros que desataron la euforia en la afición atlética y la incertidumbre en la racinguista.

Nuestro Racing hizo el partido que debía hacer, y solo esa delgada línea blanca nos separó del éxito.

Hagan acopio, por tanto, de las pinturas de guerra. La batalla continúa.

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