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Fútbol español

Fallece Quini, leyenda del fútbol español

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Un fallo cardíaco cuando conducía, del que trató de reanimarle primero la Policía y posteriormente la dotación de una ambulancia, se han llevado a Quini esta noche. Los hechos ocurrieron en la cercanía de su casa, en el barrio gijonés de La Calzada. El sportinguismo llora el fallecimiento de su mito, de quien históricamente ha sido siempre su gran referente.

Publicación de la web del Sporting

D. Enrique de Castro González, Quini

La máxima esencia del fútbol son los goles, precisamente lo que Quini representó en grado máximo. A ello añadió Enrique de Castro González (Oviedo, 23 de setiembre de 1949) un carisma arrollador que le ha convertido en una de las figuras más populares que haya dado Asturias a lo largo de los siglos XX y XXI. Independientemente de los colores de las camisetas que vistió, el concepto geográfico está perfectamente acuñado para quien, nacido en Oviedo y criado en Avilés, lideró en Gijón la época más brillante del fútbol asturiano a lo largo de su historia.

Los datos que presenta son reveladores. Erigirse cinco veces en máximo goleador de la Primera División del fútbol español es gesta a la que sólo pueden aspirar verdaderas estrellas de la talla de Zarra (lo fue en seis ocasiones), Di Stéfano o Hugo Sánchez. A esta cifra añadió Quini la consecución de otros dos entorchados de máximo realizador las dos temporadas que jugó completas en la categoría de Plata. Todo un hito para el fútbol español y todo un mito para el asturiano. ¡Ahora, Quini, ahora!, se convirtió en el grito más coreado de la más espléndida época sportinguista, que se repite cada jornada en que visita otros campos de fútbol como delegado del Sporting.

Como futbolista, Quini ha sido por encima de todo hombre de club. De un lado, porque su contagioso entusiasmo adquiría el máximo valor en la continuidad del trabajo cotidiano, en el día a día: en el campo, en el vestuario o en la misma calle, y de otro, porque, sin menosprecio de la selección nacional,  fue precisamente en el Sporting y Barcelona donde más rendimiento lograron extraerle a sus virtudes goleadoras, axioma como queda dicho del fútbol y de su indiscutible valor en los términos más objetivos.

Se da la curiosa circunstancia de que sus inicios en el Ensidesa y Sporting no fueron precisamente como delantero centro. Lo mismo le ocurrió también en el Barcelona. No obstante, en todos los casos el dorsal con el número nueve pasó pronto a su poder, porque se lo ganó en todos los casos por ganar por méritos propios.

Quini siempre mantuvo un continuo idilio con el gol. Su capacidad para desmarcarse, para jugar sin balón y para alcanzar la posición más ventajosa coronaban un innato instinto dentro del área contraria que aderezaba con unas dotes rematadoras portentosas.

Quizás porque en su familia los genes eran de guardameta (lo fue su padre y sus hermanos Jesús y Falo, y hasta él mismo llegó a actuar en juveniles como esporádico portero), Quini supo encontrar el antídoto para llevar el balón a las mallas contrarias. La realidad es que él también quiso ser portero, pero obró de hermano mayor. Sólo actúa un guardameta en cada equipo. Si lo hacía él, lo normal era que relevara a Jesús al Banquillo. Jesús, el héroe que entregó su vida en el Cantábrico a cambio de la de un niño inglés al que ni siquiera conocía y al que salvó de morir ahogado.

Quini se distanció así de la portería propia, pero para acercarse a la contraria. Se convirtió en un experto en horadarlas. Dominó todas las artes del remate. Si bien no disponía de una especial cintura, le bastaba un gesto o una mirada para clavar sobre el terreno de juego al defensa contrario. No podía haber descuidos ante él. Siempre oportuno, era también capaz de adornar con especial destreza unas boleas que fueron la maravilla de El Molinón y de cuantos campos visitó.

No era especialmente alto, pero esto tampoco era óbice para que de cabeza fuera capaz de amaestrar al balón a su antojo. Pero no sólo sabía Quini el lenguaje del área. Tras ayudar en tareas defensivas, sus arrancadas desde el centro del campo, con aperturas a las bandas, tenían siempre el objetivo de que el balón le regresará cuando hubiera alcanzado la cercanía de la portería rival. Los guardametas que tenían enfrente temían su brujería de delantero letal.

Su estampa de goleador, con el semblante tenso y el brazo izquierdo elevando el puño al cielo iluminan todavía el recuerdo del mejor goleador que ha tenido el Sporting en su historia y el mejor artillero del fútbol español desde Zarra.

DE LLARANES A EL MOLINON

El poblado avilesino de Llaranes fue el primer escenario de los cortejos de Quini con el balón y Los Salesianos, su estreno como integrante de un equipo. En edad juvenil pasó a engrosar las filas del Bosco Ensidesa. Ya destacaba entonces por su facilidad goleadora, lo que tuvo la pronta recompensa de la selección asturiana de la categoría.

El Ensidesa (Tercera División) corrobora su evolución y le incorpora a su primer equipo en la temporada 1967-68. Sin embargo, le sitúan como extremo izquierdo. La facilidad goleadora que había demostrado en las categorías inferiores pareció desvanecerse situado en la banda. No obstante, le surge la posibilidad de fichar por el Oviedo. Acompañado por su padre acude a las oficinas del club azul, donde le ofrecen actuar en el Vetusta. Era un momento clave que podía cambiar el rumbo de su vida, pero también la historia más inmediata del Oviedo… y del Sporting.

El Vetusta militaba entonces en Tercera División. Ya lo habían hablado antes en familia y su padre responde tajantemente: “Para jugar en el equipo filial del Oviedo, perfectamente puede hacerlo en el Ensidesa, que también está en la misma categoría y, además, en Llaranes, a la puerta de casa”.

La oferta del Oviedo se desvanece en su cabeza. Quini regresa a Avilés. Compagina las clases de ajustador en la Escuela de Aprendices de Ensidesa con el fútbol. Tiene demasiadas dudas y atraviesa por un mal momento. La vida le parece una encrucijada que le lleva a pensar incluso en la posibilidad de dejar el fútbol. Surge entonces la figura de su madre. Le anima continuamente, le repite una y otra vez que es el mejor, que nadie es capaz de pisar el área como él. Es la voz cálida que logra arropar hasta el más íntimo de sus sentimientos. Gracias a ella no se viene abajo, hasta que llegó lo único que podía aclararle las ideas y ponerle en el camino correcto: los goles.

El Ensidesa se hace con los servicios del técnico Molinuevo, que le alinea como interior: Quini vuelve a marcar y a sonreír. Es ahora el Sporting quien pone sus ojos en él y el 9 de noviembre de 1968 ficha como rojiblanco. Pocas semanas después se desplaza ya a diario con su hermano Jesús, que con 17 años ya había adquirido el puesto de guardameta titular en propiedad. Con los hermanos también viaja a diario desde Avilés Florín, el veterano capitán sportinguista. Es quien los traslada en su 600.

Apenas mes y medio después, debuta en Sevilla, el 22 de diciembre, ante el Betis, en partido de Liga de Segunda División. Una semana después, en El Molinón, ante el Racing de Ferrol, se estrena como goleador. Su caminar será ya tan arrollador como imparable. Nacía un ídolo, el más grande que jamás haya tenido el fútbol asturiano.

La campaña siguiente logra su primer <Pichichi> (Segunda División), el ansiado ascenso a la máxima categoría y el reconocimiento de una bien ganada fama de goleador, cimentada también en el plano internacional con los cuatro tantos que le marcó a Italia en el Campeonato de Europa amateur, en el que logró este entorchado con un equipo en el que también estaba su hermano Jesús Castro y los asimismo sportinguistas José Manuel y Herrero II.

LARGA VIDA COMO INTERNACIONAL

Al igual que le había ocurrido en los inicios de los equipos por los que pasó, la selección española absoluta permitió pocas veces a Quini disfrutar de la libertad en el área contraria que ofrece llevar el número nueve a la espalda. Así fue como se le llegó a encomendar hasta labores específicas de marcaje, como ocurrió ante Alemania Federal, en Sarriá, donde su misión fue anular a Beckenbauer. Extraña tarea para un goleador que, no obstante, cumplió a la perfección. Nunca defraudó.

Desde su debut como internacional absoluto, con 21 años apenas estrenados (el 28 de octubre de 1970, ante Grecia, en Zaragoza), hasta su última actuación con la camisola nacional, (el 2 de junio de 1982, ante Alemania Federal, en Madrid) pasaron más de 12 años, que son contables, pero támbién una pléyade de magníficos futbolistas a los que sobrevivió y con los que compitió por un sitio en el primer equipo del país futbolístico (Arieta, Gárate, Quino, Marañón, Rubén Cano, Santillana, Roberto Martínez, Marianín, Dani, Clares, Pichi Alonso, Satrústegui…). Si discutible es que los seleccionadores no supieron sacarle el verdadero rendimiento a sus extraordinarios dotes goleadores, de lo que no cabe duda es que durante este período de tiempo fue el mejor rematador de la Liga española.

Sea como sea, el palmarés internacional de Quini es admirable. Ha sido internacional absoluto en 35 ocasiones, 9 amateur (campeón de Europa) y 1 sub-23. Asimismo, ha disputado dos fases finales de la Copa del Mundo (Argentina-78 y España-82) y una Eurocopa de Naciones (Italia-82).

También es extraordinario su palmarés tanto con el Sporting como con el Barcelona. Como rojiblanco fue dos veces campeón de Liga de Segunda División (1969-70 y 1976-77) y una subcampeón de Primera (1978-79). También con el equipo rojiblanco logró cinco veces el título de máximo goleador: 2 en Segunda División (1969-70 y 1976-77) y 3 en Primera (1973-74, 1975-76 y 1979-80). Como barcelonista, además de otros dos títulos de máximo realizador (1980-81 y 1981-82), único jugador azulgrana que lo ha logrado hasta ahora en su dilatada historia liguera, sumó una Recopa de Europa (1981-82), dos copas del Rey (1981-82 y 1982-83), una Copa de la Liga (1982-83) y una Supercopa de España (1983-84), además de ser una vez subcampeón de Liga (1981-82) y otra de Copa del Rey (1983-84).

A lo largo de su carrera, desde juvenil, disputó un total de 940 encuentros y marcó un total de 545 goles.

UN ANTIDEPORTIVO CODAZO

Al margen de otras de menor importancia y de dos luxaciones de codo, la más grave lesión que sufrió Quini se la produjo un antideportivo codazo de un jugador de Irlanda del Norte en la ciudad inglesa de Hull, en un partido que disputó con la selección española. Quini resultó con fractura del pómulo izquierdo. Aquel 16 de marzo de 1972 nunca se le podrá olvidar al sportinguista. Vivió un calvario: el viaje de regreso, la operación, el postoperatorio y la recuperación tanto física como sicológica. Fueron muchos los que temieron que ya no volviera a ser el mismo para el fútbol. Ese rematador valiente que nunca volvía la cara. Necesitó de más de un año y de un gran esfuerzo y mentalización para lograrlo. Así llegó la temporada 1973-74, que devolvió al Sporting  al mejor Quini, quien puso así saborear su primer Pichichi en la División de Oro.

Era el indiscutible líder del equipo y pieza apetecida por otros clubes de mayor potencial, pero el derecho de retención le mantenía ligado al Sporting, lo que supuso por su parte unas polémicas declaraciones que, como siempre, solventó con la pócima de los goles en el siguiente partido que disputó en El Molinón.

Vuelve a probar la Segunda División, pero sólo durante una temporada. El nuevo retorno a Primera muestra a un futbolista que, además de cómo goleador, ha madurado como líder para ponerse al frente del equipo y escribir las más importantes páginas de la historia del club. El modesto Sporting pasa a ser uno de los grandes, al menos en el plano deportivo.

25 DIAS SECUESTRADO

El derecho de retención había permitido a la afición rojiblanca disfrutar de los goles de Quini durante doce temporadas. Sin embargo, había impedido al jugador saborear otras glorias futbolísticas en un equipo de mayores posibilidades. El 9 de junio de 1980, en plena Eurocopa de Italia, Quini es traspasado al Barcelona por 80 millones de pesetas. Estaba cerca de los 31 años.

Apenas tarda unos meses en acoplarse al club y a la ciudad cuando Quini se convierte en un ídolo para la afición azulgrana, que celebra alborozada una gran remontada que coloca a los culés a las puertas del título de Liga. Sin embargo, una noticia conmociona no sólo a los barcelonistas, sino también a todo el universo futbolístico: Quini acababa de ser secuestrado.

Durante 25 días estuvo privado de libertad hasta que fue liberado por un cuerpo especial de la Policía en Zaragoza. Todavía con el rostro marcado por el encierro y con los ojos vidriosos por la tensión vivida, tuvo la generosidad de perdonar a sus secuestradores. Cuatro temporadas actuó Quini en el club catalán, donde se ganó el respeto, la admiración y el cariño de los barcelonistas, que nunca le han olvidado.

Tiene 34 años y la sensación de que el fútbol todavía no puede haberse terminado para él. El Oviedo, entonces en Segunda División, le ofrece un contrato, que puede ser el último de su carrera. Un contrato, pese a la categoría en la que milita el equipo azul, con muchos números, con muchos millones de pesetas. Pero tiene muy claro que si sigue en activo sólo puede ser para retornar a El Molinón.

Quini volverá a vestir la camiseta rojiblanca durante otras tres temporadas más. Ya no es un chaval, pero actúa con el ánimo contagioso de un juvenil y continúa hasta el último día dando clases de su oficio de goleador que nunca ha olvidado.

Abandonado el fútbol, Quini tuvo la humildad de trabajar como comercial, hasta que definitivamente el Sporting le pidió su regreso al club para convertirse en el delegado del primer equipo, labor que ahora ejerce con ejemplar dedicación, en un doble trabajo: el de delegado y el de ser Quini, porque allá donde va es requerido para una fotografía, un autógrafo o para un abrazo que nunca niega.

Quini, operado por dos veces en los últimos años de un cáncer, siguió goleando. Lo hizo a una enfermedad que le ha restado salud, pero que nunca ha logrado arrebatarle la sonrisa.

Día a día, Quini siguió impartiendo clases de cómo enfrentarse a las adversidades. Se convertió en un catedrático que entregó su ejemplar impronta a los más jóvenes, a los que les muestró cuantas veces tuvo oportunidad de ello, que el deporte es un vínculo de satisfacción y que nunca hay que dejar de luchar, porque en el empeño de cada uno está la capacidad de conseguir el logro.

Por todo ello, no sólo por sus goles, Quini se merece el cielo.

JLR

Fútbol español

El Real Unión destituye a su entrenador

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Juan Domínguez dirigiendo un partido del Real Unión | Foto de realunionclub.com

Juan Domínguez ha sido cesado como entrenador del equipo fronterizo.

El Consejo de Administración del Real Unión Club ha tomado la decisión de destituir al entrenador Juan Domínguez, a quien le ha sido comunicada la noticia esta misma mañana y no ha participado en el entrenamiento del equipo.
Juan Domínguez colgó las botas como futbolista a la conclusión de la pasada temporada e inmediatamente fue designado como entrenador del primer equipo. En los 29 partidos de liga disputados con Domínguez en el banquillo el equipo ha obtenido 5 victorias y 16 empates y ha sumado 8 partidos perdidos.

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Fútbol español

La jornada 29 estrena horario en LaLiga

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LaLiga confirma nuevo horario para la jornada 29 en Primera División

LaLiga ha dado a conocer los horarios para la jornada 29 donde hay dos novedades, siendo la primera la supresión de partido de los lunes y este, como segunda novedad, pasa a disputarse a las 14:00 del domingo. El sábado 30 destaca el derbi entre Barça y Espanyol a las 16:15 horas y el Alavés-Atlético a las 20:45 horas y se cerrará la jornada el Real Madrid-Huesca que se jugará el domingo a las 20:45 horas.

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Fútbol español

Franco acabó con la deuda del Barça

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Bernardo Salazar | Fue una recalificación autorizada personalmente por el dictador Franco la que en 1965 salvó al F.C. Barcelona de la bancarrota cuando tenía una deuda de 230 millones de pesetas y se encontraba en quiebra por la construcción del Camp Nou. El artículo de Salazar presenta pruebas documentales sobre el proteccionismo que la entidad catalana recibió del régimen franquista.

El viejo campo de Les Corts Su demolición y posterior recalificación de los terrenos que ocupaba permitió al Fútbol club Barcelona salvarse de la quiebra económica.

Foto del viejo Camp Nou

Primera recalificación. El engrandecimiento del Barcelona como club en los años cincuenta puso a sus dirigentes ante la necesidad de ampliar Les Corts o construir un estadio nuevo. Aquel equipo de los Ramallets, Basora, Kubala, César, Moreno, Manchón, etc. necesitaba un recinto capaz de acoger toda la expectación que levantaba uno de los mejores equipos de Europa del momento. La ampliación o construcción del nuevo estadio abrió un fuerte debate entre el presidente Agustín Montal, partidario de la primera opción, y el que luego sería su 1 sustituto, Enrique Martí, que accedió a la presidencia el 16 de junio de 1952, defensor a ultranza de un nuevo recinto.

Construcción del Camp Nou. El Camp Nou comenzó a construirse en 1954. Hasta su inauguración el 24 de septiembre de 1957 era visitado por los socios para ver cómo crecía.

El 27 de septiembre de 1950 se había firmado la opción de compra de unos dos millones de palmos cuadrados en unos terrenos situados entre la Riera Blanca y la calle de la Maternidad por un precio de 10.092.445 pesetas. A partir de ese momento, dan comienzo las reuniones entre los directivos barcelonistas y las autoridades técnicas municipales. Éstas sugirieron la conveniencia de permutar los terrenos recién comprados por otros situados en la zona terminal de la Diagonal, que en los planes urbanísticos de la ciudad se reservaban para parques, jardines y zona deportiva, ya que los terrenos recientemente adquiridos estaban contemplados en las ordenanzas como zona urbanizable. El 11 de marzo de 1951 tomó posesión el nuevo alcalde de la ciudad Condal, Antonio María Simarro. Con este alcalde y Francisco Miró-Sans como nuevo presidente del Barça, se acordó la primera recalificación. Las conversaciones del nuevo presidente y sus directivos con el alcalde y ediles se intensificaron hasta lograr la promesa verbal de las citadas autoridades de que el club podría edificar el nuevo estadio en el emplazamiento previsto en el proyecto. Para ello era necesaria la modificación de la urbanización de los terrenos adquiridos tres años antes entre la riera blanca y la Maternidad, mediante la supresión de las futuras calles transversales que atravesaban hipotéticamente los terrenos. El 28 de marzo de 1954, en un acto multitudinario, se puso la primera piedra del nuevo estadio.

Segunda recalificación. En la asamblea general de socios, el 11 de junio de 1955, pudo expresar Miró-Sans su satisfacción: “Conviene decir que no todos los terrenos adquiridos están totalmente libres y a nuestra disposición, puesto que se está desalojando a los arrendatarios y meros ocupantes allí establecidos. A tal efecto hay que hacer constar nuestro más profundo agradecimiento al excelentísimo Gobernador Civil, don Felipe Acedo Colunga, que, siempre atento a todo cuanto redunda en la grandeza de Barcelona, se ha percatado perfectamente desde el primer momento de la monumentalidad de nuestros proyectos y les ha prestado siempre el más cariñoso y entusiasta apoyo”. Pero si hasta las dificultades técnicas y urbanísticas fueron resueltas, restaban las dificultades financieras. Más de 75 millones a corto plazo, 164 millones a largo en obligaciones hipotecarias y 55 millones adeudados a los socios, figuraban en la deuda del club, que ascendía a un total de 230.320.291,9 pesetas. La solución era vender Les Corts que estaba considerado como zona verde privada. Desechada la propuesta del Español, tanto en compra como en alquiler, Enrique Llaudet se entrevistó con José María de Porcioles, alcalde de la ciudad, solicitando recalificar la situación de Les Corts, el permiso de edificabilidad sobre el mismo y la revalorización para su venta. En los meses siguientes hubo presiones de todo tipo hasta que el 4 de agosto de 1962 el pleno municipal aprobó el necesario cambio de calificación de los terrenos. La operación se justificó con la cesión por el club al ayuntamiento de 1.000 metros cuadrados en la Travesera de Les Corts para permitir su ensanche y otros 4.443 metros cuadrados para construir instalaciones municipales deportivas cubiertas. Asimismo se limitó a 8.000 metros cuadrados la edificabilidad de los 24.000 metros limitados entre las calles Vallespir, Travesera, Numancia y Marqués de Sentmenat. El resto pasó íntegramente a suelo edificable. José María de Porcioles fue premiado por el Barcelona con el nombramiento de Soci d’honor en la asamblea barcelonista del 27 de septiembre de 1963. Una zona verde privada se transformaba en zona edificable para la salvación de la economía del Barcelona. El 7 de mayo de 1963, en asamblea extraordinaria convocada para tratar como único asunto la recalificación del viejo estadio de Les Corts, los socios culés aprobaron el derribo del estadio, la convocatoria de subasta de los terrenos a partir de 100 millones y la parcelación de Les corts en caso de inexistencia de ofertas. El 17 de mayo el presidente Enric llaudet solicitó al Gobierno civil el permiso para el derribo del viejo campo, que le fue concedido poco después. Esta segunda recalificación, primera sobre los terrenos del viejo Les Corts, solventaba los graves problemas económicos que afrontaba la entidad barcelonista.

Tercera recalificación Pese a la respuesta favorable del Gobierno Civil, todavía surgieron determinados recursos interpuestos por entidades de diversa índole, hecho que motivó que el tema pasara a más altas instancias, a pesar de que el 25 de febrero de 1965 la Dirección General de Urbanismo diese por válido el cambio de calificación de los terrenos. El entonces directivo del Barça, Juan Gich, más tarde Delegado Nacional de Deportes, recurrió a su entrañable amistad con Torcuarto Fernández Mirada para que el 13 de agosto de 1965 se consiguiera el visto bueno de todo este asunto en el Consejo de Ministros, que bajo la presidencia de Francisco Franco tuvo lugar en el Pazo de Meirás. En el Boletín Oficial del Estado número 228, fechado el 23 de septiembre de 1965, aparece el Decreto 2735/1965, de 14 de agosto, por el que “se aprueba el cambio de uso de una zona verde del Plan Parcial de Ordenación Urbana de la Zona Norte de la avenida del Generalísimo Franco, entre las plazas de Calvo Sotelo y del Papa Pío XII, de Barcelona”. Al pie del mismo figuran las firmas de Martínez y Sánchez Ajona (Ministro de la Vivienda) y Francisco Franco.

Poco después, sin la misma publicidad que obtuvo José María Porcioles, Torcuato Fernández Miranda y Hevia ingresaba en la relación de los socis d’honor blaugranas. Treinta y tres días más tarde se acordaba la venta del entrañable Les Corts con don José Sabata Anfruns por un total de 205 millones de pesetas. No han pasado tantos años para que todo esto se haya olvidado. Los organismos públicos siempre han favorecido a las entidades representativas de su ámbito territorial, sin tener en cuenta las necesidades de los vecinos, y, si es necesario, no dudan en incumplir las leyes para beneficiar al poderoso en detrimento de los ciudadanos a los que representan.

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