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Opinión

Una primera derrota sin consecuencias

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Tras nueve jornadas de liga el equipo racinguista ha conocido la derrota en tierras asturianas,  donde tristemente uno de los protagonistas del partido fue el colegiado navarro Julio Fermín Hoyo. Cierto es que el conjunto verdiblanco no llegaba en las mejores condiciones, ya que venía de jugar el pasado miércoles un encuentro de Copa del Rey contra la U.D. Logroñés. Posiblemente tampoco haya sido el mejor partido de los cántabros, pero aún así el Racing del enfrentamiento liguero del pasado domingo fue mejor que su rival. Hablar de hipótesis está claro que siempre es oportunista, pero si uno se basa en lo visto en el choque se puede sacar varias conclusiones del juego de la escuadra verdiblanca.

Por ejemplo, en la salida del balón desde atrás con 4 para 2 jugadores (ellos defendían con un sistema de juego de 1-4-4-2) el Racing tenía superioridad para sacar el cuero desde atrás y disfrutar de varias ocasiones sacando el balón en largo, pero ahí se perdía efectividad. Incluso la presión que ejercían al equipo cántabro durante momentos en el transcurso del partido hubo problemas de recuperación de balón, ya que a veces la línea de tres en el medio campo  dejaba la marca a sus rivales y el equipo santanderino se encontraba con los espacios. Estoy seguro que todo esto los propios jugadores y el cuerpo técnico racinguista lo saben mejor que yo, siendo ellos los que saben mucho más de fútbol, pero dicho todo esto, en el global del partido fuimos superiores a los cachorros del Sporting B. El dependiente asturiano tuvo una efectivad del 100% en llegadas de cara a gol, pero sin embargo el Racing tuvo ocasiones de sobra para materializar sin tener fortuna final.

Una de las claves de la derrota racinguista viene de la expulsión de Sergio Ruiz que condicionó de una manera definitiva el partido, y fue cuando el entrenador Iván Ania tuvo que mover ficha, primero buscando equilibrio en el centro del campo con la entrada de Jerín para aguantar el empate que hasta ese momento reflejaba el marcador en el Molinón, y luego ya con el segundo gol del cuadro asturiano el técnico del Racing optó por meter al terreno de juego al manchego César Díaz para tener con dos jugadores puntas en ataque. Anteriormente tuvo que cambiar por lesión a Jordi Figueras y entró en su sustitución el defensor Iñaki Olaortua. El entrenador del Racing hizo cambios valientes e intentó cambiar cosas para que el equipo carburase mejor. Los entrenadores que tienen varios planes, personalmente demuestran tener una personalidad bien marcada.

Ahora ya solo queda pensar en el Calahorra y creer en este equipo, que hasta el momento está dando la cara siempre, y eso lo sabe perfectamente la afición, una afición que es el patrimonio de este club, con más de 1.500 personas se desplazaron a tierras asturianas con un comportamiento de diez.

Tras este traspiés el Racing sigue líder, transmitiendo unas sensaciones positivas, y todo ello después de una derrota que fue injusta. También quiero dejar claro que hay que hacer autocrítica del encuentro, pero también creo que es de justicia decir que esta primera derrota del Racing no tiene mayor importancia, así que habrá que seguir mirando al frente con humildad y firmeza.

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Opinión

Con la camiseta puesta

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Bajo el filtro verdiblanco

Muchos son los refranes sobre las elecciones, los gustos y los colores. Cuando te pones la camiseta de tu equipo, sus colores traspasan su tejido y se apoderan de ese músculo que lo alimenta todo. Nuestro corazón verdiblanco.

Ya sea por tradición familiar, por apego a la “tierruca” o por la razón que cada uno escoja, cuando uno es del Racing, lo es para siempre.

El fútbol no entiende de miradas caleidoscópicas. Los colores y el amor a un club permanecerán siempre y ese filtro teñirá la realidad con nuestros colores. Una realidad que ha llevado a un club histórico y centenario a celebrar el ascenso a una categoría que hace poco detestaba, como si de una final de la máxima competición europea se tratase.

Los gustos, los colores, son así. Muchas veces no se eligen, y cuando se han apoderado de ti, los elegirías una y mil veces, a pesar del sufrimiento que conllevan.

Muy poco importa si el partido fue bueno o malo. La afición pasea por las calles de nuestra hermosa ciudad con una sonrisa verdiblanca de oreja a oreja. Pudieron ser villanos, pero hoy, nuestros futbolistas, cuerpo técnico y directivos son héroes, y como tal, pasarán a la historia.

Este maldito deporte se diferencia de otras artes porque no necesita de belleza para ser admirado. Tampoco entiende de intelectualidades o de clases sociales, el fútbol es mucho más que un deporte y tu equipo es mucho más que once valientes corriendo en calzones. El fútbol es pasión, sentimiento y colores.

No era el mejor escenario, ni la mejor hora ni el mejor rival. Quizá tampoco fue la mejor versión de nuestro propio equipo, pero después de meter todos esos componentes en nuestra batidora racinguista, solo hubo que añadir un poco de verde y blanco para que el resultado fuese un día inolvidable.

Despídanse de Lucifer peloter@s, abandonamos el infierno.

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La delgada línea blanca

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A doce centímetros del éxito.

Por Raúl Azcona | En la alta competición, cuando la preparación física se lleva al extremo, se estudia al rival minuciosamente y el conocimiento de nuestros propios límites es absolutamente científico, son los pequeños detalles los que nos acercan o alejan del triunfo.

En el caso del fútbol, y según la reglamentación vigente, un máximo de doce centímetros de anchura debe tener la línea de meta. Esa es la distancia que, en muchas ocasiones, separa la victoria de la derrota, el éxito del fracaso.

El gol lo condiciona todo. Cambia un partido, una dinámica e incluso, una temporada. Haciendo un paralelismo maquiavélico, el gol justifica los medios.

Los ejemplos más actuales evidencian esta antigua teoría. Pensemos, por ejemplo, en el F.C. Barcelona: campeón de liga, semifinalista de Champions y finalista de Copa del Rey. Solo un gol en cada una de las competiciones en las que no fue campeón, lo separó del triunfo. Un gol que redujo un posible triplete y un éxito mayúsculo, a una temporada mediocre.

¿Es justo defenestrar una temporada completa por la falta de acierto en un momento concreto?

Vayamos a un ejemplo más cercano, nuestro Racing. En su último partido, el más importante de la temporada hasta el momento, el equipo empata a cero ante un Atlético Baleares que apenas se acercó a la portería racinguista. Un partido en el que solo un balón al poste privó al Racing de una victoria soñada. Un poste que, según la normativa, debe tener una anchura no superior a doce centímetros, al igual que la línea de meta. Doce centímetros que desataron la euforia en la afición atlética y la incertidumbre en la racinguista.

Nuestro Racing hizo el partido que debía hacer, y solo esa delgada línea blanca nos separó del éxito.

Hagan acopio, por tanto, de las pinturas de guerra. La batalla continúa.

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El fútbol total, por Raúl Azcona

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Foto de The Telegraph

No todo es negro o blanco, el gris tiene su encanto.

Quizá sea la propia condición del ser humano la que lleva a elegir siempre una opción detestando completamente la opuesta. Derecha o Izquierda, Madrid o Barsa, Mourinho o Guardiola, Blanco o Negro…

Pero también es cierto, que después de tanta confrontación, una fuerza suele resurgir y tomar el control imponiéndose al resto, EL GRIS.

Hablemos de fútbol; ¿Mourinho o Guardiola? ¿Madrid o Barsa? ¿Atacar o defender? Si solo somos capaces de elegir entre uno u otro, nos perderemos un montón de matices que se encuentran entre cada polo. Un montón de opciones que hoy se reivindican y triunfan. Klopp, Pochettino, Emery, Sarri, Liverpool, Tottenham, Chelsea, Arsenal…

El fútbol de hoy, el fútbol total, no permite elegir entre atacar o defender. Hoy el fútbol avanza, a la par que la condición física, hacia un todo. Hacia el control de cada fase del partido. Hay que ser capaces de atacar bien, defender bien y de dominar ambas transiciones, es decir, saber qué hacer cuando recupero el balón y cuando lo pierdo.

Según los estudios recientes, alrededor del 30% de los goles se consiguen en acciones a balón parado (córner, falta, penalti…). Otro 30% se obtiene en ataque posicional, ya sea combinativo o directo. Finalmente, alrededor de un 40% de los goles se suceden en el momento inmediatamente posterior (5-6 segundos) a la pérdida o recuperación de balón. Hoy conocido como transiciones.

Cada uno que saque sus propias conclusiones, pero como muchas veces en la vida, en el término medio está la virtud. En saber quedarse con lo bueno de cada opción modelando la propia. Y si hablamos de fútbol, dominar de la mejor manera los 4 momentos del juego y entender el juego en sí mismo nos hará mejor equipo. Y normalmente, aunque no siempre se cumple, los mejores son los que ganan.

Bienvenidos por tanto peloter@s a una nueva era. Bienvenidos a la “transición”.

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